#MexiWeekly – Octubre

Octubre es empezar a ver calabazas de todos tipo, tamaño y color en el supermercado, y pilas enormes de pan de muertos por doquier… Octubre, también, se llevó las lluvias y trajo al invierno tímido, seco y fresco, que no llega a llamarse realmente invierno porque apenas si cambiamos el guardarropas y cambiamos el paraguas por una campera menos finita, pero sincerémonos, en México, sólo existe la temporada seca y la de lluvias… pero se van los días de llover siempre a las 17hrs, y empiezan los días con esos cielos plomizos que prometen lluvias que no llegan… Octubre es también ver todas las vidrieras vestidas de catrinas, el momento en que cumplimos dos años en México, y no deja de asombrarnos con lo rápido que pasa el tiempo.

Tras el último reporte de MexiWeekly, me fui a Sao Paulo una semana por trabajo. Aquel domingo encaré aeropuerto con la valija lista y el antojo de pão de queijo, sin saber que nos iban a cancelar el vuelo y que finalmente saldría en un vuelo diurno que anunciaba ser una tortura de más de 9 horas encerrada, pero que también fue la excusa perfecta para empezar (y terminar) el noveno libro del año, The Girl on the Train. El resto de la semana fue un sin fin de reuniones con el nuevo equipo y el nuevo jefe, algún que otro paseo por Vila Madalena, Beco do Batman, comprar havaianas y libros, comer en Dalva e Dito (el otro restaurante de Alex Atala, chef de DOM) y tardar más de tres horas en llegar al aeropuerto.

Volvimos de SP y nos fuimos también a Canadá, pero esta vez en plan de unas merecidas vacaciones, y estuvimos en Montreal para el casamiento del primo de Pablo… Nos bastaron unos días para enamoramos de nuevo del Mercado Jean Talon, comprarnos discos por St Laurent y caminar del lado del sol en St Denis para protegernos del frío otoñal y buscar librerías en el Plateau. Redescubrimos el sandwich de Schwartz, probamos los bagels de Fairmont y St Viateur pero nos convencimos más con las cosas riquísimas de la Boulangerie Guillaume. También jugamos a las cartas con la abuela, tomamos vinos con los primos, conocimos a Manu, paseamos, caminamos, comimos de más, y la pasamos tan bien que empezamos a jugar con la idea de convertir a Canadá en nuestro próximo destino como residentes permanentes. Después de Montreal alquilamos un auto y encaramos la ruta para visitar a primos del otro lado de la familia en Toronto… y seguimos comiendo, caminando, y paseando. En Dundas Square entendimos por qué usan tanto a Toronto para filmar escenas de NY, nos quisimos comprar todo en Indigo, una librería inmensa en la zona universitaria, paseamos en streetcar y en subte, visitamos el Harbour Front, seguimos recomendaciones gastronómicas de Bourdain en el St Lawrence Market y probamos el ramen de David Chang en Momofuku… Aprovechamos que teníamos auto para ir hasta las Niagara Falls, y elegimos no subir a la torre más famosa pero si entramos a Casa Loma, la casa/castillo de un magnate que construyó la central eléctrica y luego perdió todo y su casa se convirtió en museo y locación para películas.  Volvimos con una gripe que luchamos con un cocktail de pastillas, jugo de naranja y un domingo de vagancia en la cama.

Días normales: El resto de los días de semana pasan sin grandes novedades más que haber superado ya la centena de videos producidos para Chilango y que ya son también más de 100 las películas que vimos este año. Estamos terminando de leer el décimo libro del año, y Cookie Sundays anda un poco vago pero sobrevivirá esta etapa y volverá más fuerte que nunca, y próximamente tendré oportunidad de hacer el food styling para unas fotos de una marca de ollas francesas topísimas que sólo reveleraré tras pasado el momento.

Faltan dos meses para terminar el año, y en 4 meses nos casamos (y seguimos sin vestido). Y mientras terminamos de desayunar, por la radio, un psiquiatra budista dice que cuando uno sonríe, se manda una señal a la mente que le anuncia al resto del cuerpo que hay una razón para estar contentos… así que sonrían, sonrían mucho y feliz semana para todos…

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